La fiesta de san José, obrero

La celebración de san José obrero es reciente, se instituyó el 1 de mayo de 1955, aunque la realidad a la que se refiere aparece ya en el Evangelio. Con esta fiesta, la Iglesia situó a san José como patrono y ejemplo para todos los trabajadores e hizo que creciera la reflexión sobre el mundo del trabajo.

En el calendario cristiano, actualmente, tenemos la oportunidad de celebrar dos veces la memoria de san José, aparte de las misas votivas.

El día 19 de marzo es una de esas veces, la más conocida y más solemne, donde celebramos a san José, patrón de la Iglesia, esposo de la Virgen María, y padre adoptivo de Jesús. La segunda memoria es la que hoy nos ocupa, la fiesta de San José Obrero, que celebra a san José como trabajador y como patrón del mundo del trabajo.

Aunque la fiesta es reciente (se instituyó el 1 de mayo de 1955) la realidad que se celebra está indicada en el mismo Evangelio, Jesús, el hijo del carpintero (Mt 13, 55). El que san José haya trabajado y haya sustentado a su santa esposa y al Hijo de Dios con su laboriosidad es un dato presente en la devoción a san José a través de los siglos.

«Pedimos a san José que esta celebración nos enseñe a reconocer en el mundo del trabajo un lugar donde también sembrar y vivir el Evangelio»

San José fue custodio de la Sagrada Familia, y aparte de cuidar a Jesús y a María en sus diferentes viajes (Belén, Egipto, Nazaret) también proveyó lo necesario para ellos con su artesanía y trabajo en la vida cotidiana como carpintero, o incluso, como señalan algunos, modesto constructor en el entorno de Nazaret. Además, él mismo fue el que inició a Jesús en el mundo del trabajo (también Jesús es llamado carpintero: Mc 6, 3), y de su trabajo vivió Jesús hasta que comenzó su vida pública.

Sin embargo, a esta realidad evangélica (san José y Jesús conocedores del mundo del trabajo) y propia de la Encarnación del Hijo de Dios, le faltaba una fiesta que hiciese a los fieles cristianos profundizar en esta realidad. El papa Pío XII fue quien creó esta fiesta en la fecha antes señalada y designó a san José patrono y modelo para los obreros cristianos.

De este modo, la Iglesia se unía a la ya existente reivindicación sobre el trabajo digno, que era y es un clamor en el mundo entero. Con esta declaración, la Iglesia también reconocía el esfuerzo previo de tantos católicos creyentes por dignificar el trabajo de los obreros y sus problemas (alfabetización, inserción laboral, lugares para la educación integral de la persona, etc.).

Pedimos a san José Obrero que esta celebración nos enseñe a reconocer en el mundo del trabajo un lugar donde también sembrar y vivir el Evangelio.
 
Por Domingo García-Muñoz Elipe